El pasado sábado 14 de enero, la original banda finlandesa de metal sinfónico Apocalyptica, hizo valer - con creces - la espera de casi 6 años desde su última visita al país. El grupo, conformado por los cellistas Eicca Toppinen, Paavo Lotjonen y Perttu Kivillaasko, el baterista Mikko Sirén y con la participación especial del vocalista Tipe Johnson, copó el Teatro Flores en el marco de la gira sudamericana presentación de su placa más reciente, 7th Symphony.
El concierto, con un setlist en su mayoría instrumental, además de acercar al público argentino a algunas de las composiciones más recientes de la banda, fue un reflejo más que representativo de la carrera del cuarteto que a mediados de los 90's reinventó el cello y con esto la manera de hacer metal en particular y música en general.
Para cumplir con la presentación de 7th Symphony eligieron algunos de los más poderosos del disco: On The Rooftop With Quasimodo, 2010 - con las que abrieron la velada -, o At The Gates Of Manala. Tampoco faltaron clásicos como Path, Quutamo - quizás sus dos composiciones más reconocidas -, Last Hope, Grace.
Por otra parte, el cantante Tipe Johnson acompañó a los músicos en End Of Me, I'm Not Jesus, Life Burns!, y I Don't Care, piezas que en sus versiones originales cuentan con las participaciones de vocalistas de las tallas de Gavin Rossdale (Bush), Corey Taylor (Slipknot), Lauri Ylonen (The Rasmus) y Adam Gontiern (Three Days Grace).
Como era de esperarse, algunos de los covers instrumentales que dieron vida al proyecto tuvieron su lugar: Refuse/Resist, Inquisition Symphony, Master Of Puppets, Seek And Destroy, Enter Sandman (monumental versión con la cual dieron fin al show, previo al bis), y la bellísima Nothing Else Matters, que sirvió de cierre para una breve sección melódica a cellos pelados completada por un personalísimo Psalm 1 en las únicas y benditas manos de Perttu Kivillaasko, y una maravillosa interpretación instrumental de la triste y hermosa Bittersweet.
Gracias a que estamos completamente locos - o al menos esas fueron las palabras del indisimulable nórdico Eicca Toppinen -, la despedida fue de lujo: con una bizarra y oscura versión del clásico del compositor y pianista noruego Edvard Grieg: Hall Of the Mountain King.
Se trató, definitivamente, de un concierto diferente a todo lo que estamos acostumbrados. La razón principal resalta por lo obvia: no todos los días tenemos la posibilidad de presenciar un espectáculo en el cual 3 (fenomenales) cellistas, un baterista y un eventual cantante, dan un concierto del metal más demoledor. Afortunadamente todo esto ocurrió hace pocos días, gracias a la visita de Apocalyptica.
Lo malo: que el concierto debía terminar. Lo bueno: que juraron estar ansiosos por volver, esta vez sin dejar pasar tanto tiempo.
Por Víctor Spinelli
